domingo, 10 de abril de 2011

Una nota en domingo 10 de abril

Buenas tardes: estuve en el Distrito Federal hace un par de días. Fui a CU y mientras miraba unos libros usados en un puesto que ofrecía sus productos en la "avenida de la salmonela", (supongo que Gibram y Efraín les dirán donde se localiza) mirando sin ver los títulos de la mesa, escuché a dos jóvenes de la edad de ustedes, alumnos del 8o semestre, que comentaban la muerte del historiador Juan Brom. Al oir ese comentario, reparé en el libro que veían: un ejemplar de color azul titulado Para comprender la historia de la Editorial Nuestro Tiempo, que recuerdo haber comprado hace muchos años. No resistí más y les pregunté más información. -Salió en La Jornada, la semana pasada-me dijeron. Dijeron que pese a su edad, más de 80 años, seguía dando clases. Les comenté que había sido mi maestro en Ciencias Políticas cuando yo ingresé a aquella facultad en 1972. De repente me di cuenta que éramos de la misma escuela, separados por 39 años de diferencia. Ya no dijimos nada, entre ellos comentaron algo sobre su coherencia de ideas. Yo me marché en busca de la entrada de Metro Copilco y mientras recorría esas callejuelas que me eran conocidas a pesar de sus muchos cambios iba pensando que uno de los cambios que trajo el movimiento del 68 a la entonces Universidad Benito Juárez de Oaxaca, todavía sin la A de autónoma, que consiguió en 1971, fue la llegada de nuevos libros a la cátedra. Y así en 1969, hermoso año aquel, el profesor que nos dio Historia Universal, "Chuchín" Ramírez jubiló afortunadamente los 4 tomos de Mallet y pidió como libro de texto el Esbozo de historia universal, de un tal Juan Brom, publicado por la Editorial Grijalbo. Se trataba de un texto accesible que a diferencia del Mallet no atiborraba de nombres y fechas y trataba a partir de la concepción materialista de la historia de explicar los hechos sociales(eso lo entendí tiempo después). En suma un texto novedoso como bocanada de aire fresco en un ambiente de libros farragosos como era buena parte de los libros que se utilizaban en la prepa en el campo de la historia, como era el de Historia de México de Alfonso Toro, con el que nos recetaron el curso correspondiente, pero esa es otra historia. Cuando en 1972 fui aceptado en Ciencias Políticas en la licenciatura de Sociología (u ociología,, como le decíamos) en el primer semestre en el turno vespertino cursé la materia de Historia económica y social, cuyo catedrático era el mismo autor del libro que había estudiado en la prepa: Juan Brom. Yo estaba muy contento y me la pasé escuchando a un profesor cuarentón, afable, que aparentaba más edad de la que tenía entonces, con unas incipientes patillas, hablándonos del tema que le apasionaba. Recuerdo de ese curso que leí el libro que ví en el puesto de libros usados, además de algunos otros como el del historiador frances Pirenne sobre la Edad Media. Recuerdo que falté poco a su clase. Gracias a aquel profesor que gastaba saco y camisa azul pero sin corbata, me inicié en la lectura de Bertold Brecht, el dramaturgo alemán, a través del poema aquel titulado: "preguntas de un obrero que lee" que si mal no recuerdo venía en ese libro. Llegué a la estación y me sumergí entre la masa que a esa hora subía al tren, con un nudo en la garganta, lamentando no haberle dicho que me había llevado su libro en la prepa y que me había gustado, supongo que no lo hice por temor a parecer ridículo. Me queda la satisfacción de haber sabido de él por el colega Carlos Sánchez que viajó del DF a Michoacán con él y le contó que estaba escribiendo sus memorias, pues él como Friderich Katz, niños alemanes de origen judío habían llegado al exilio mexicano en los años del nazismo. Él, Juan Brom, viajando con su familia desde el Japón, en el último barco disponible antes del estallamiento de la guerra mundial. Por cierto alcanzó a ver publicado su libro de memorias. Libro que espero leer pronto. Me reconforta saber que siguió siendo profesor en la FCPS y un pilar de la docencia en la licenciatura, recibiendo año con año a un montón de jóvenes como el que fuí y como los chicos a quienes entontré la tarde de anteayer. Un hombre de izquierda que mantuvo en su corazón la búsqueda de la utopía. Hoy, busqué y localicé la nota de La Jornada del 29 de marzo del 2011 en donde se daba cuenta de su fallecimiento acaecido un día atrás. También encontré una nota que un amigo suyo escribiera justo dos meses antes de su muerte y que también fue publicada en el mismo diario. Ahora, en recuerdo de mi profesor del primer año de la carrera la incluyo en este espacio a manera de homenaje. ¡Salud, Maestro! Va pues: La transparencia de Juan Brom Jorge Turner Juan Brom es un hombre venturoso y envidiable. A los 84 años cumplidos se observa con buena salud y en su haber muestra una obra histórica escrita de primera categoría. Por su entrega total a darle un significado a su vida me recuerda mucho a Gregorio Selser, amigo y compañero entrañable, fallecido en 1991. La diferencia está en que Gregorio, habiendo realizado una considerable faena intelectual que habría merecido el otorgamiento de muchos doctorados, le pusieron obstáculos por su desapego a los títulos universitarios, mientras Juan se desempeñó en su trabajo sin descuidar del todo la necesidad de adquirir las constancias escolares. Pero ambos se asemejan en su concepción de izquierda y en que sus militancias en organizaciones políticas fueron cortas (la de Juan se reduce a nueve años), en comparación con una vida completa de trabajo que dejó un caudaloso aporte intelectual a las ciencias sociales latinoamericanas. Aunque Juan debe ser presentado como un mexicano ejemplar no abrió los ojos en el país, sino en Fuerth, una pequeña ciudad de Alemania del Sur. De allá viajó para acá, junto con su familia, a los 14 años de edad, huyendo de la persecución que habían desatado los nazis en contra de los judíos. Y fue aquí en donde, tras superar los problemas obvios de adaptación, pasó muchos años, forjó su carácter y realizó su meritoria actividad intelectual. De los trabajos históricos elaborados por Juan Brom destacan: Para comprender la historia, Esbozo de historia universal y Esbozo de historia de México (los tres escritos para la docencia en bachillerato), así como ¿Por qué desapareció la Unión Soviética?, libros de enormísimos tirajes, particularmente el tomo sobre historia mundial, que ya tiene 23 ediciones. Pero recientemente me ha sorprendido la aparición de un volumen suyo titulado De niño judío alemán a comunista mexicano (una autobiografía política), el cual permite entender la relación de su historia personal con su concepción de la historia de México y de la historia del mundo. Lo peculiar de este último libro es la diafanidad con que está escrito. En sus páginas, Juan dice con transparencia y sin disimulos, todo lo que recuerda de su prolongada vida política. Por ello, estoy seguro, valga la suposición absurda, de que si wikileaks lo investigara buscando los hechos ocultos importantes que frecuentemente yacen en las apariencias, nada encontraría. La formación de Brom Antes de descubrir su vocación y su ideología Juan se labró una disciplina que lo impulsó siempre. En su vida de trabajo participó, con su hermano y su papá, en un taller mecánico de troqueles. Y en sus estudios iniciales mexicanos ingresó en 1942 en una Prevocacional del Instituto Politécnico. Con la terminación de la Segunda Guerra Mundial se le planteó la posibilidad de regresar a su tierra de nacimiento, pero ya se sentía identificado con México. Ya había arraigado en su cabeza y en su sensibilidad una ideología y con ella la disposición de estudiar historia, cambiando el rumbo de su instrucción. Se inscribió en la preparatoria de la UNAM, luego en la Facultad de Filosofía y Letras y terminó sus estudios de Maestría en Historia en 1954. En esta etapa siente la necesidad de militar políticamente, pero como es tan ordenado, primero asegura sus derechos ciudadanos, obteniendo su carta de naturalización antes de ingresar a la Juventud Comunista y al Partido Comunista. En esta organización tiene discrepancias con algunos planteamientos de la dirección, por lo que entra en una lucha interna de renovación que termina con su separación de la organización, convirtiéndose desde entonces en “un comunista sin partido”, como él mismo se autodefine. La formación intelectual de Juan Brom continúa después de la conclusión de sus estudios profesionales. Se dedica a la docencia y bajo la idea de enseñar aprendiendo amplía sus conocimientos mediante la preparación esmerada de sus clases y la elaboración de textos para facilitar el aprendizaje. De su primera etapa como profesor es muy importante, luego de sus cursos en la capital, su estancia en Morelia, adonde viajó en 1962, invitado por el doctor Eli de Gortari, rector en aquel tiempo de la Universidad de Michoacán, para impartir clases en el Colegio de San Nicolás. Fue durante este periodo que se casó y nació su hija Rocío Citlali y cuando apareció la primera edición de su magnífica obra Esbozo de Historia Universal. A su regreso al Distrito Federal prosigue con sus clases en preparatoria, nace su segunda y última hija, Yara Amelia, hasta 1964, fecha en que gana el concurso para ser profesor en la hoy Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, hace 46 años, en donde aún se mantiene sorprendentemente activo en la actualidad. El comunista mexicano sin partido En su último libro Juan se califica a sí mismo como “comunista mexicano sin partido”, aunque está implícito que puede agregarse que es un “comunista mexicano sin partido que trabaja en la UNAM”. En los 46 años seguidos de actividad en la UNAM, el centro escolar de más de 250 mil estudiantes, con 100 años de existencia y reconocimiento universal, Juan Brom, al par que se ha entregado a la enseñanza a sus alumnos y otros cargos, también ha terminado de tallar su propia personalidad. En la justa tradición libertaria de la UNAM, vertebrada por una comunidad diversa y autónoma, Juan enriquece su pensamiento, siempre pendiente de la marcha de la sociedad, concordando con el ambiente de convivencia, sin renunciar a su ideología. Pero para hacerle justicia al Maestro es menester precisar qué significa para él ser “comunista mexicano” conforme a lo que se desprende de su libro reciente. En primer lugar salta a la vista que Brom no se siente como un comunista a secas, sino como un comunista con apellido, o sea un “comunista mexicano”. Esto significa que su desacuerdo de los viejos tiempos con el Partido Comunista de México constituyó un desacuerdo de coyuntura, dejando intacta su ideología que sigue en pie, incluso ante el derrumbe de la Unión Soviética. Es el sueño sublime de que el hombre llegue a ser alguna vez el hermano del hombre y de que previamente los estados nacionales se relacionen con equidad. Como soñador que investiga la realidad, Juan sabe que “en el México de hoy no es posible plantear el socialismo como una tarea inmediata”. Habrá que ocuparse de las metas preliminares posibles, sin echar al olvido el objetivo final a largo plazo. En sus preocupaciones, Juan calibra los fracasos habidos y por eso piensa que un socialismo durable tiene que ser objeto de una convicción colectiva de la urgencia del cambio sustentado en una decisión mayoritaria. De ahí que repare en el valor de la conciencia y que haya dedicado su último libro, aparte de sus hijas, “a todos los que no se resignan con el mundo como está y desean cambiarlo”.

Publicado en La Jornada, el 29 de enero de 2011.

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